Hay días en los que el cuerpo te pide una buena dosis de cremosidad, pero sin complicaciones. Esta pasta con bacon y calabacín es mi versión favorita para esos momentos: es extremadamente jugosa, se prepara en lo que tarda en cocerse la pasta y es el plato perfecto para cualquier día de la semana.
Al añadir el calabacín, no solo le damos un toque de color, sino que aligeramos el conjunto de la nata y el bacon. Es una receta ideal si buscas una comida rápida que siempre sale bien. Un plato de pasta de los de ‘mojar pan’ y quedarse tan a gusto.
En definitiva, es lo que yo llamo un plato redondo. Una receta pensada para que nadie se quede mirando desde la barrera: desde los más peques de la casa hasta el invitado más exigente o quien simplemente busca disfrutar de un platazo sin vueltas ni sorpresas. Es la opción perfecta cuando buscas algo fácil y absolutamente delicioso. Porque al final, la mejor receta es la que permite que todos, sin excepción, nos sentemos a disfrutar de la misma mesa.

Una alternativa a la carbonara, cremosa y 100% segura
A diferencia de la carbonara tradicional, en esta receta utilizamos nata para conseguir esa textura untuosa y sedosa. Al evitar el uso de huevo crudo o poco hecho, esta versión se convierte en la opción ideal para que todos se sientan tranquilos a la mesa. Es un plato perfecto para embarazadas y niños, garantizando que cada ingrediente ha pasado por un proceso de cocción completo.
Además, si eres de los que se lleva la comida a la oficina, esta pasta es tu mejor aliada: aguanta el recalentado en el tupper infinitamente mejor que las recetas con huevo, manteniendo su cremosidad sin cuajarse ni secarse.
El toque maestro: caramelización con cerveza 0,0
Para conseguir un sabor profundo y profesional, utilizo un pequeño truco: desglasar el bacon con cerveza 0,0. Cuando el bacon esté bien dorado y haya soltado su grasita, añade un chorrito de cerveza sin alcohol a la sartén caliente.
Verás que ayuda a despegar todos los jugos tostados del fondo, caramelizando el bacon de una forma increíble. Al reducirse por completo, nos quedamos con un matiz a malta espectacular pero sin rastro de alcohol, manteniendo la receta apta para todos los públicos. Este paso eleva el plato de una ‘pasta con cosas’ a una receta de autor que sorprenderá a cualquiera.

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