Las cosas claras: este no es el típico bizcocho de escaparate cargado de mantequilla que va a ganar un concurso de alta repostería. Ni falta que le hace. A veces la vida se pone tonta, las circunstancias mandan y tienes que recortar el azúcar, pero el cuerpo te sigue pidiendo a gritos algo dulce para acompañar el café de la mañana (o tarde).
Este bizcocho de cacao sin azúcar está pensando para esos momentos. Es un recurso honesto, real y que te quita el antojo total sin que sientas que estás comiendo cartón o renunciando a lo bueno de la vida.

Esponjoso y con olor a chocolate del bueno
El mayor miedo cuando quitamos el azúcar es que la masa quede como un bloque de cemento armado, pero sorpresa: la miga queda súper tierna y esponjosa. Además, al no tener un dulzor extremo que lo enmascare todo, el cacao es el rey absoluto. En cuanto lo metes al horno, la cocina entera empieza a oler a gloria bendita. Es de esos postres que disfrutas desde antes de darles el primer bocado.
Cero complicaciones
Si hay algo que nos gusta es manchar poco y comer rápido. Esta receta es nivel «principiante con prisa«. Es facilísima, directa y no necesitas montar claras a punto de nieve ni tener utensilios de chef profesional. Se trata de mezclar los ingredientes (es una versión del clásico bizcocho de yogur), dejar que el calor haga su magia y sentarte a disfrutar de tu momento, demostrando que cuidarse no tiene por qué ser un castigo ni robarte toda la tarde.



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